(Más horas de tren hoy... Voy a visitar nuestro centro de distribución en Chiba)
Cuando en algún país o en alguna zona hay algo que se estima peligroso, normalmente todo el mundo se desespera por salir. Puede ser un volcán, un conflicto armado, un ataque terrorista... Normalmente los extranjeros salen rápido porque tienen dónde ir, y los locales que pueden también se alejan.
En el caso se Tokio, después de los primeros días de tremendo peligro potencial, las actitudes son muy distintas. Por un lado, "normalidad dentro de la preocupación" de los que están en Tokio, y por otro "es muy peligroso volver" de los que siguen fuera.
Una de las causas es la invisibilidad de la radiación y el rechazo general a entrar en el detalle de los peligros radiactivos. "Cuanto más lejos, mejor" es indudablemente una política segura. Pero no deja de ser chocante andar por Tokio y ver bebes y niños en los parques, las tiendas y restaurantes llenos, la gente trabajando normalmente... La diferencia de percepción ha creado una realidad paralela entre los extranjeros que se instalan en el peor caso posible y actúan desde ya en consecuencia y los japoneses que miran el día a día y siguen haciendo una vida lo más normal posible. De hecho, si no fuera por la campaña de ahorro eléctrico, apenas se notaría diferencia.
Se ha comentado mucho en la prensa el carácter de los japoneses. Creo que el adjetivo "estoico" se ha utilizado para describir el comportamiento de la gente ante la tragedia. Esto no quita que no estén angustiados. La procesión va por dentro. El sentido del deber es increíblemente fuerte, y la pertenencia a un grupo y necesidad de tirar juntos del carro también. Todo el mundo es plenamente consciente de que el país no tiene más recursos que su habilidad y su trabajo...
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